Cinco desaparecidos, cinco noches de difuntos y un vaso de agua que nadie llegó a beber.
Cinco personas habían desaparecido sin dejar rastro, y ninguna conocía a las demás. Vivían en barrios distintos, se llevaban décadas de edad y no compartían trabajo, familiares ni amistades. Solo las unía una fecha: cada una se había esfumado la noche del 31 de octubre, una por año, cinco años seguidos.
La inspectora Herbella llevaba semanas con los expedientes abiertos. En ninguna casa había señales de violencia. Las puertas estaban cerradas por dentro, con la llave echada, y las carteras, los móviles y las joyas seguían en su sitio. Era como si sus dueños se hubieran marchado sin cruzar la puerta.
Aquella noche de difuntos, la comisaría se había quedado vacía. Una corriente de aire frío levantaba las esquinas de los documentos de su escritorio, pero estaba demasiado concentrada para prestarles atención. Se sirvió un vaso de agua, lo dejó junto al flexo y volvió a las fotografías sin probarlo.
En la primera casa, unas hojas secas salpicaban la alfombra del salón. En la tercera, una cortina había acabado enredada en una lámpara de pie. «Nimiedades», había escrito a mano el agente que firmó el informe. Herbella las rodeó con un círculo rojo.
Después abrió la grabación de la cámara doméstica de la última víctima, una profesora jubilada. La mujer leía en su sillón. En un momento dado se levantaba y salía del encuadre; al volver, las páginas del libro empezaban a pasar solas. Se ausentaba otra vez, regresaba con un vaso y lo dejaba en la mesita antes de seguir leyendo. Poco después sonaban tres golpes.
—Ya voy —decía la mujer, sin levantar la vista del libro. Ahí terminaba la grabación.
Herbella repasó las declaraciones de los vecinos. En otros tres casos, alguien había oído aquella noche tres golpes secos y, después, la misma respuesta: «Ya voy».
Volvió a las fotos y, por primera vez, comparó los muebles en lugar de las caras. En todas las mesas había un vaso de agua lleno hasta el borde. Le vino a la memoria la aldea de su abuela y la noche en que murió su abuelo, cuando ella era niña. Alguien abrió la ventana del cuarto «para que el alma pudiera salir» y otra mano dejó en la mesilla un vaso de agua «para la sed del camino». Nadie lo tocó en toda la noche. Aquel vaso era del difunto.
Entonces llamaron a la puerta del despacho.
Toc, toc, toc.
—Ya voy —respondió ella, sin apartar los ojos de la pantalla.
Amplió la última foto. Las cortinas: en todas las casas estaban vencidas hacia el interior. Las hojas secas, la cortina enredada, las páginas que pasaban solas… Herbella sintió que se le helaba la sangre. Miró los papeles que se agitaban sobre su escritorio, la cortina hinchada a su espalda, el vaso intacto junto al flexo.
Al otro lado de la puerta volvieron a sonar tres golpes, más despacio.
La inspectora se abalanzó sobre el vaso y se bebió todo su contenido de un trago, hasta la última gota.
Los golpes cesaron. Al cabo de un momento, oyó unos pasos que se alejaban por el pasillo, sin prisa, como los de alguien que se ha equivocado de casa.
Actividades
1 Detective Inferencia
¿Por qué cesaron los golpes en el despacho de Herbella? Marca la hipótesis correcta.
- a) Herbella no volvió a contestar «ya voy» la segunda vez, y quien llamaba se cansó de esperar una respuesta que no llegaba.
- ✓b) Al beberse el agua, Herbella demostró que en el despacho no había ningún difunto preparado para marcharse: estaba viva.
- c) Quien llamaba tenía sed y venía a por el agua; al ver el vaso vacío, ya no tenía ningún motivo para quedarse.
- d) Era un compañero de la comisaría que le gastaba una broma de Halloween y se rindió al ver que ella no picaba.
¿Qué pista del relato lo explica? Copia o resume la pista del texto que lo demuestra.
Hipótesis correcta: b). Eso es. El vaso intacto es el del muerto; quien se lo bebe, no lo es. Por eso los pasos se alejan como los de alguien que se ha equivocado de casa.
Pista clave: «En la aldea de su abuela, el vaso servido junto al difunto era para la sed de su camino, y ningún vivo lo tocaba.» Esa es la clave: un vaso que nadie bebe es el vaso de un muerto. Al vaciarlo, Herbella dejó claro que allí no había ninguno.
2 El telar Orden de los hechos
Ordena los hechos desde el más antiguo hasta el más reciente. Escribe en cada casilla el número de orden (1, 2, 3…).
- 4 Herbella abre la ventana porque la calefacción la ahoga.
- 2 Desaparece la primera de las cinco víctimas.
- 1 Alguien deja un vaso de agua en la mesilla del abuelo de Herbella.
- 5 Herbella contesta «ya voy» sin apartar los ojos de la pantalla.
- 6 Unos pasos se alejan sin prisa por el pasillo de la comisaría.
- 3 Las páginas del libro de la profesora jubilada pasan solas.
Orden correcto:
- Alguien deja un vaso de agua en la mesilla del abuelo de Herbella.
- Desaparece la primera de las cinco víctimas.
- Las páginas del libro de la profesora jubilada pasan solas.
- Herbella abre la ventana porque la calefacción la ahoga.
- Herbella contesta «ya voy» sin apartar los ojos de la pantalla.
- Unos pasos se alejan sin prisa por el pasillo de la comisaría.
Lo más antiguo es el recuerdo: Herbella era niña cuando murió su abuelo. Después, las cinco desapariciones, una por año; la grabación de la profesora es del año pasado, porque era la última víctima. Ya en esta noche, Herbella abre la ventana al llegar, contesta a los golpes y, tras beber, oye los pasos que se alejan.
3 La página que falta Coherencia
Un año después, en la víspera de difuntos, ¿qué hace Herbella que encaja con lo que entendió? Marca una sola opción.
- a) Deja un vaso lleno junto a la puerta del despacho, para que quien llame pueda beber y se vaya por fin satisfecho.
- b) Se encierra en el despacho con la ventana abierta, dispuesta a no contestar, porque cree que el peligro está en responder.
- ✓c) Cierra las ventanas de la comisaría al anochecer y pide que nadie deje un vaso de agua servido sin terminárselo.
- d) Sale al pasillo en cuanto suenan los tres golpes, convencida de que es el mismo compañero que le gastó la broma.
Respuesta: c). Exacto: evita la ventana abierta y el vaso intacto. Sin ellos, ninguna casa parece la de un muerto.
- a) El vaso no es para el que llama: es el del difunto. Dejar uno lleno sería repetir el error de las víctimas.
- b) La ventana abierta es justo uno de los pasos. Y no la salvó callar: ya había contestado. La salvó beber.
- d) No hubo ningún compañero: la comisaría estaba vacía, y los mismos golpes sonaron en las casas de las víctimas.
4 Caza la contradicción Lectura literal
Tres de estas afirmaciones no encajan con el relato. Marca con una X las 3 afirmaciones que no encajan con el texto.
- a) Las cinco personas desaparecidas no se conocían y vivían en barrios distintos de la ciudad.Así es: no compartían trabajo, parroquia ni amistades.
- ✗b) En las casas, las puertas estaban cerradas por dentro, pero faltaban las carteras y los móviles.Las carteras, los móviles y las joyas seguían en su sitio. No faltaba nada.
- c) La profesora dejó el vaso en la mesita después de que las páginas empezaran a moverse.Primero sale del encuadre y las páginas pasan solas; luego vuelve a salir y regresa con el vaso.
- ✗d) Los vecinos oyeron tres golpes y un «ya voy» en los cuatro casos que no grabó ninguna cámara.Fue en otros tres casos, no en cuatro. De los cinco, uno quedó en la cámara y otro sin testigos.
- e) Herbella abrió la ventana del despacho al llegar, porque la calefacción la estaba ahogando.Lo hizo al llegar, y luego se olvidó de que estaba abierta.
- ✗f) Cuando murió el abuelo de Herbella, su abuela se bebió el vaso de la mesilla antes del amanecer.Nadie lo tocó en toda la noche: aquel vaso era del difunto.
5 La galería Visualización
En el juego hay que elegir la ilustración que responde a esta pregunta: «¿Qué foto del expediente podría mostrar el salón de la última víctima tal como lo encontró la policía?». Aquí te toca dibujarla a ti, con todos los detalles que da el texto.
Qué debe aparecer: Ventana abierta, cortinas hacia el interior, el libro en la mesita y el vaso lleno, sin una sola señal de violencia.
Valora que el dibujo recoja los detalles del texto, no la calidad artística.
Desenlace
Para leer en voz alta al terminar la corrección.
Herbella lo entendió todo en aquel último instante. Sin saberlo, las cinco víctimas habían preparado su casa como se prepara la de un muerto: una ventana abierta para que el alma pueda salir y un vaso de agua servido para la sed del camino, ese vaso que ningún vivo toca. La noche de difuntos, algo recorre la ciudad buscando las casas donde alguien está listo para marcharse. Llama tres veces. Y quien responde «ya voy», se va.
Ella había cumplido los tres pasos: la ventana, el vaso intacto y la respuesta. Al beberse el agua, demostró que en aquel despacho no había ningún difunto esperando: el vaso tenía dueña, y la dueña estaba viva. No fue el silencio lo que la salvó, porque ya había contestado la primera vez, sino aquel trago.
El expediente se cerró sin culpables. Desde entonces, cada 31 de octubre, la inspectora Herbella cierra las ventanas de la comisaría a las ocho y no deja que nadie abandone un vaso a medias. Por si acaso, tampoco responde a la puerta sin mirar antes quién llama.
Sugerencia de puntuación
Cada actividad vale 2 puntos (10 en total). En la 1, un punto por la hipótesis y otro por la pista. En la 2, se puede dar un punto si solo hay un par de hechos cambiados. En la 4, medio punto por cada acierto y se resta medio por cada afirmación verdadera marcada.