Solo abre mientras suenan las doce campanadas de la noche de difuntos. Y no acepta dinero.
En Valdecierzo todo el mundo sabía que dentro de la torre del reloj había una tienda, aunque nadie la hubiera visto nunca de día. Solo abría la noche del 31 de octubre, mientras sonaban las doce campanadas, que allí dentro duraban lo que ella quisiera, y la atendía una bruja diminuta a la que llamaban doña Clepsidra. Vendía minutos.
Los guardaba en frascos de cristal, un minuto en cada uno, con una etiqueta que ella escribía al dictado del comprador. Quien rompía un frasco ganaba un minuto entero en el momento que quisiera: para terminar un examen, para alcanzar un tren o para decir lo que no le había dado tiempo a decir. La bruja recitaba tres normas a cada cliente. Los minutos solo sirven hacia delante, nunca para volver atrás. Se pagan con un recuerdo de un minuto, que se pierde para siempre. Y si el comprador muere sin gastar el suyo, el frasco vuelve a la tienda y solo puede venderse a alguien que todavía lo recuerde.
Teo llegaba tarde a todo: a clase, al autobús, a los cumpleaños. Su abuela Aurora, que no había llegado tarde a un sitio en su vida, se reía y le decía siempre lo mismo: «Tú llegarás tarde a todo, Teo. No te preocupes, que yo te guardo un minuto». En primavera, la abuela enfermó. Cuando por fin avisaron a Teo, el autobús se retrasó y él se equivocó de planta. Al empujar la puerta de la habitación, ya no quedaba nadie a quien decirle adiós.
La noche del 31 de octubre subió los ciento doce escalones de la torre. Con la primera campanada, la pared del fondo se abrió como una puerta. Dentro había estanterías hasta el techo con frascos que brillaban como luciérnagas, y la gran esfera del reloj, vista desde dentro, hacía de ventana. Sobre el mostrador, un gato blanco dormía en un platillo de una balanza de cobre. El otro platillo estaba vacío.
—Quiero un minuto con mi abuela —dijo Teo—. Uno solo. El de la despedida. La bruja negó con la cabeza mientras sonaba la cuarta campanada. —Los minutos van hacia delante, niño. Ninguno de los míos te devolverá a esa habitación.
Teo bajó la vista, a punto de marcharse, y entonces lo vio. En el estante más bajo, entre frascos polvorientos, había uno con una etiqueta que decía: «Aurora. Para cuando llegue tarde». —Lo compró el año pasado, esta misma noche —dijo la bruja—. No llegó a romperlo. Ahora solo puedo vendérselo a alguien que se acuerde de ella.
—Un recuerdo de un minuto —añadió, señalando el platillo vacío—. El que tú elijas. Teo cerró los ojos. Tenía miles de minutos con su abuela: las meriendas, las tardes de cartas, su risa. No pensaba darle ninguno. Así que eligió otro: el minuto del pasillo del hospital, con la puerta abierta y la cama vacía. Lo dejó en el platillo, y el gato blanco abrió un ojo. Sonaba la novena campanada.
Teo rompió el frasco contra el suelo. Durante un minuto entero, la tienda olió a canela y a baraja vieja. —Llegas tarde, como siempre —dijo una voz a su espalda—. Menos mal que te lo había guardado. Teo se dio la vuelta, y le dio tiempo a todo. Con la duodécima campanada, la torre volvió a ser solo una torre.
Actividades
1 Detective Inferencia
¿Para quién compró Aurora el minuto que nunca llegó a gastar? Marca la hipótesis correcta.
- a) Para ella misma, por si le faltaba tiempo al final, pero la enfermedad la sorprendió antes de poder romper el frasco.
- b) Para un familiar del pueblo del que nunca pudo despedirse, y la etiqueta lo dice porque él siempre llegaba tarde.
- ✓c) Para Teo: sabía que su nieto llegaba tarde a todo y quiso guardarle el minuto de la despedida.
- d) Para doña Clepsidra, que necesitaba minutos sin gastar para que su tienda siguiera abriendo cada noche de difuntos.
¿Qué pista lo demuestra? Copia o resume la pista del texto que lo demuestra.
Hipótesis correcta: c). Exacto. La etiqueta no habla de Aurora, sino de él. Era el minuto que le había prometido guardar toda la vida.
Pista clave: «Aurora nunca llegó tarde a ningún sitio, pero siempre le prometía a Teo que ella le guardaba un minuto.» Esa es la clave: la etiqueta «para cuando llegue tarde» solo tiene sentido si habla de Teo.
2 El telar Orden de los hechos
Ordena los hechos desde el más antiguo. Escribe en cada casilla el número de orden (1, 2, 3…).
- 3 Con la primera campanada, la pared de la torre se abre.
- 5 Teo deja en el platillo el minuto del pasillo del hospital.
- 2 El autobús se retrasa y Teo se equivoca de planta.
- 6 El gato blanco abre un ojo en la balanza de cobre.
- 4 Doña Clepsidra explica que los minutos van hacia delante.
- 1 Aurora dicta la etiqueta de un frasco en la tienda de la torre.
Orden correcto:
- Aurora dicta la etiqueta de un frasco en la tienda de la torre.
- El autobús se retrasa y Teo se equivoca de planta.
- Con la primera campanada, la pared de la torre se abre.
- Doña Clepsidra explica que los minutos van hacia delante.
- Teo deja en el platillo el minuto del pasillo del hospital.
- El gato blanco abre un ojo en la balanza de cobre.
Aurora compró el frasco el 31 de octubre del año anterior, antes de enfermar en primavera. Después llegó el retraso en el hospital. Ya en la torre, la pared se abre con la primera campanada, la bruja le explica las normas con la cuarta, y el gato abre un ojo justo después de que Teo pague.
3 La página que falta Coherencia
A la mañana siguiente, ¿qué continuación encaja con todo lo que sabemos? Marca una sola opción.
- a) Teo ya no recuerda las tardes de cartas con su abuela: es el precio que pagó por el minuto de la despedida.
- ✓b) Su madre le pregunta por el hospital y Teo no logra recordar cómo llegó tarde; solo que pudo despedirse.
- c) Teo se despierta en primavera, en la habitación del hospital, y esta vez llega a tiempo de abrazar a su abuela.
- d) Teo vuelve a subir a la torre esa misma mañana, para comprar otro minuto, y doña Clepsidra le atiende sonriendo.
Respuesta: b). Eso es: pagó con el minuto del pasillo, que se pierde para siempre, y le queda el adiós.
- a) Teo no entregó ningún recuerdo de su abuela. Eligió a propósito otro: el del pasillo del hospital.
- c) Los minutos solo van hacia delante. Ninguno puede devolverle a aquella habitación.
- d) La tienda solo abre la noche del 31 de octubre, mientras suenan las campanadas. De día no hay nada.
4 Caza la contradicción Lectura literal
Tres afirmaciones no encajan con el relato. Marca con una X las 3 afirmaciones que no encajan con el texto.
- a) La tienda de la torre solo abría la noche del 31 de octubre, mientras sonaban las doce campanadas.Así es, y por eso nadie la había visto nunca de día.
- ✗b) Doña Clepsidra cobraba cada minuto con monedas antiguas, que pesaba en su balanza de cobre.Los minutos se pagan con un recuerdo de un minuto. La bruja no acepta dinero.
- ✗c) Si un comprador moría sin gastar su minuto, la bruja podía vendérselo después a cualquiera.Solo puede venderlo a alguien que todavía se acuerde de quien lo compró.
- d) Para pagar, Teo eligió un recuerdo que no era de ninguna tarde pasada con su abuela.Eligió el minuto del pasillo del hospital, no uno de los que pasó con ella.
- ✗e) Sobre el mostrador dormía un gato negro, como el que suele acompañar a todas las brujas.Era un gato blanco, dormido en uno de los platillos de la balanza.
- f) Aurora había comprado su frasco justo un año antes de que Teo subiera a la torre.Lo dice la bruja: «Lo compró el año pasado, esta misma noche».
5 La galería Visualización
En el juego hay que elegir la ilustración que responde a esta pregunta: «¿Qué ilustración muestra la tienda de doña Clepsidra cuando Teo entra?». Aquí te toca dibujarla a ti, con todos los detalles que da el texto.
Qué debe aparecer: La esfera del reloj como ventana, las agujas en las doce, el gato blanco en un platillo y el otro vacío.
Valora que el dibujo recoja los detalles del texto, no la calidad artística.
Desenlace
Para leer en voz alta al terminar la corrección.
Aurora no había comprado aquel minuto para ella, que nunca llegaba tarde a ningún sitio. Lo compró para Teo, un año antes de enfermar, porque sabía que su nieto llegaría tarde también a la despedida. La etiqueta no hablaba de ella: hablaba de él. Era el minuto que llevaba toda la vida prometiéndole guardar.
Como era un minuto de Aurora, durante ese minuto Aurora estuvo allí. Teo le dijo adiós, y ella le dijo lo que le había dicho siempre. No fue un viaje atrás, porque los minutos solo van hacia delante: fue un minuto nuevo, el que ella le dejó guardado.
El precio también tenía su truco. Teo no entregó ningún recuerdo de su abuela, sino el peor minuto de su vida. A la mañana siguiente, cuando su madre le preguntó por el hospital, Teo no supo qué contestar. No conseguía recordar cómo había llegado tarde. Solo recordaba que se había despedido.
Sugerencia de puntuación
Cada actividad vale 2 puntos (10 en total). En la 1, un punto por la hipótesis y otro por la pista. En la 2, se puede dar un punto si solo hay un par de hechos cambiados. En la 4, medio punto por cada acierto y se resta medio por cada afirmación verdadera marcada.