Hilando Líneas

❦ Fantasía · · 2 min de lectura

Siete pedazos

El primer mago de una familia sin magia, una clase que todos odian y una taza que no se deja arreglar.

Cuando a Dani Roldán le llegó la carta de la Escuela de la Torre Alta, su madre, que era panadera, la leyó tres veces buscando la trampa. Su padre, fontanero, solo dijo: «Si arreglan cosas con magia, que me enseñen». En toda la familia no había habido nunca un mago. Ni una bruja. Ni siquiera un tío raro.

Por eso Dani no entendía a sus compañeros. Se quejaban de todo: de las escobas, que pesaban; de los libros, que eran gordísimos; y, sobre todo, de Teoría de Encantamientos, que según Gonzalo era «el rollo más grande de la historia de la magia». A Dani, en cambio, le parecía lo más alucinante del mundo. Se había leído el libro de Teoría dos veces; la segunda, en voz alta, para su padre, que tomaba notas.

Aquel jueves tocaba el examen de reparaciones. La maestra Ubalda les recordó las tres reglas del libro: el hechizo de reparar no inventa nada, así que tienen que estar todos los pedazos; hay que nombrar el objeto por lo que es, no por lo que parece; y nada se puede reparar con magia si se rompió a propósito.

Luego sacó una taza blanca, la levantó por encima de su cabeza y, mirándola fijamente, abrió la mano. La taza se hizo pedazos contra el suelo. La maestra los recogió uno a uno, los contó en voz alta y los dejó sobre su mesa. —Siete. No falta ninguno. Tenéis diez minutos.

Iris lo intentó primero: «¡Taza, vuelve a ser taza!». Nada. Gonzalo lo intentó dos veces, cada vez más fuerte. Nada. Los pedazos ni siquiera temblaron. —Está estropeada —protestó Gonzalo—. O es que la magia de los jueves no funciona.

Dani no sacó la varita. Se quedó mirando los siete pedazos, y luego a la maestra, que sonreía un poco. Cogió su pluma y escribió una sola frase en el papel del examen.

¿La has entendido de verdad? Detective, El telar, La página que falta, Caza la contradicción y La galería te esperan.

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