Hilando Líneas

✧ Ciencia ficción · · 2 min de lectura

La respuesta imposible

Base Arcadia, Marte. Una tormenta de polvo, una compuerta con un aviso y un mensaje que llegó demasiado pronto.

A las 14:07, la pantalla de comunicaciones de la Base Arcadia se iluminó con un mensaje de la Tierra: «AUTORIZADO. ABRID LA COMPUERTA B». Rocío Vidal, la ingeniera de guardia, soltó el aire que estaba conteniendo y se levantó de un salto. —Por fin —dijo—. Voy a abrirla.

Fuera, la tormenta de polvo había convertido la tarde en una noche rojiza. En algún punto de esa oscuridad, el vehículo de exploración volvía hacia la base con la doctora Marta Ibarra, la madre de Kai, y con solo una hora de oxígeno de reserva. Podía entrar por una de las dos compuertas de la base: la A, en el lado norte, o la B, en el lado sur, la más cercana a su ruta.

Pero la compuerta B llevaba toda la mañana dando un aviso de posible fuga. Las normas de la base eran claras: con un aviso de fuga, esa compuerta no se abre sin permiso del control de misión, en la Tierra. Por eso, a las 14:02, Rocío había enviado la pregunta: «Aviso de fuga en la compuerta B. ¿Podemos abrirla para que entre el vehículo?».

Kai, que tenía catorce años y llevaba toda la tarde pegado a la pantalla, miró la pizarra de la pared. Allí, como cada día, alguien había escrito con rotulador el dato que más importaba para hablar con casa: «Retardo de la señal hoy: 12 minutos». Era lo que tardaba un mensaje en viajar, a la velocidad de la luz, de Marte a la Tierra. Y lo mismo en volver.

Kai miró el reloj. Miró otra vez la pizarra. Luego se plantó delante de la puerta del pasillo sur.

—Rocío, espera. Ese mensaje no es la respuesta a tu pregunta. En la esquina de la pantalla parpadeaba la señal del vehículo: llegaría a la base en diez minutos. Por el lado norte, en quince.

¿La has entendido de verdad? Detective, El telar, La página que falta, Caza la contradicción y La galería te esperan.

Jugar esta historia