Hilando Líneas

✦ Misterio · · 2 min de lectura

Doce minutos a oscuras

Un atlas, una vitrina cerrada y un bolsillo equivocado.

Cuando volvió la luz, la vitrina seguía cerrada con llave y sin un solo rasguño. Pero el atlas ya no estaba dentro.

Lucía hacía voluntariado los sábados en la biblioteca de Puerto Alba, un caserón de piedra con más goteras que lectores. Aquella tarde llovía sin descanso. A las cinco, Elena, la directora, había sacado de su despacho el tesoro de la casa: un atlas de 1752 con los mapas coloreados a mano. Lo colocó en la vitrina de la sala principal para la exposición del lunes, giró la llave dos veces y la guardó, como hacía siempre, en el bolsillo derecho de su abrigo, junto al pañuelo. Después colgó el abrigo en el perchero del despacho.

En la sala solo había un lector: don Julián, un profesor jubilado que leía la prensa sin quitarse nunca sus guantes de lana. Su paraguas goteaba junto a la puerta.

A las seis menos veinte llegó Tomás, un repartidor, con tres cajas de libros donados. Las dejó junto al mostrador y pidió usar el aseo, que está al fondo del pasillo, entre el despacho y el cuadro eléctrico. Tardaba en volver.

A las seis y diez, el edificio entero se quedó a oscuras. Lucía se asomó a la ventana: las farolas de la calle seguían encendidas, temblando en los charcos. Durante doce minutos solo se oyeron la lluvia, unos pasos rápidos sobre la madera y la tos de don Julián, siempre desde el mismo rincón.

Al volver la luz, Tomás esperaba ya junto al mostrador. Dijo que una de las cajas era para otra biblioteca, se la cargó al hombro y se marchó con prisa. Fue entonces cuando Elena reparó en la vitrina vacía.

—Ha sido el viejo —susurró—. No se quita los guantes para no dejar huellas.

Lucía no contestó. Había ido al despacho a por el abrigo de Elena y, al meter la mano, encontró la llave de la vitrina en el bolsillo izquierdo.

¿La has entendido de verdad? Detective, El telar, La página que falta, Caza la contradicción y La galería te esperan.

Jugar esta historia